Discurso Introductorio para el programa Out of The Box del Archivo de Amancio Williams
Argentina tiene una cultura de ídolos. Espontáneas figuras singulares que están confinadas más allá de lo ordinario. En el campo de la arquitectura Amancio Williams es uno de ellos. Desde temprano en la carrera de arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, la mayor y más prestigiosa escuela de arquitectura de la ciudad, los estudiantes son confrontados con el imaginario de los proyectos proféticos de Amancio Williams, en una exhibición permanente que corona hace años uno de los cuerpos de escalera prinpales de la facultad. Desde ahí Amancio sobrevuela a todos los somnolientos estudiantes que tienen que soportar el peso de su mirada, mientras aprenden la disciplina haciendo malabares a cada peldaño para equilibrar maquetas, planos y otra parafernalia arquitectónica.
Para algunos de nosotros fue un amor a primera vista.
Aunque, para la mayoría, la atracción llega de la mano del hecho de que la carrera arquitectónica de Amancio vivió casi exclusivamente en el reino proyectual. Una zona confortable que supo plasmar, más allá de la singularidad de una serie de eximios proyectos que si logró construir. Desde ese lugar Amancio confrontó el tradicional discurso disciplinar, mientras creaba un nombre propio como practicante local de una conversación internacional que sucedía principalmente en otro continente. A nivel superficial, podría argumentarse que Amancio elaboró tales discursos, tan solo produciendo un catálogo de argumentos elusivos, ensoñadores e hipotéticos diseñados como proyectos para edificios.
Un escenario idealista para una práctica que no necesitó enfrentarse a las reglas de la realidad para ser capaz de interpelar a la cultura local. Desde ahí la confrontó con tendencias globales, vigorizarizando la escena doméstica con nuevas formas posibles para la vida y empoderó la construcción política del entorno construido a través de propuestas auto infligidas de aquello que podría hacerse, pero que tristemente nunca fue.
Lo mágico es que Amancio logró hacer todo aquello jugando dentro de los márgenes tradicionales de una disciplina cuyo valor primordial existe en el campo de la ilustración. A lo largo de los años, su estudio produjo con maestría un excepcional número de ideas detalladas en dibujos que servían como herramientas de comunicación, para promulgar por un lado el gran valor de la arquitectura y su habilidad para moderar nuestra vida cotidiana, pero también como ensayo ordinario de su visión utopista.
En su obra, los dibujos se repiten como mantras variables, simples evoluciones de proyectos que gestionaba a lo largo de los años, ligeramente modificados en sutilezas y cambios mínimos. En ellos coexistía el propósito común de expandir los límites de lo posible. Así desarrolló su práctica, un ejercicio tipológico-evolutivo atravesado por un innovador proceso recursivo para sobrevolar la variación contextual de ideas simples.
Bóvedas liminales que podían cubrir casas, hospitales y pabellones por igual, salas teatrales que podrían ubicarse en parques, ríos o en la propia trama urbana. Todos ellos ilustrados en impresionantes series de collages, que parecían diseñados como piezas de arte, cuyo contexto natural sería el muro de un museo lejano, en lugar de las oficinas técnicas de las agencias de gobierno que deberían dar luz verde a dichos proyectos.
Por esto es que creo que su archivo adquiere una relevancia radical.
Relevancia que se vuelve a abrir esperanzado ante una nueva y expandida audiencia internacional.
Diez años atrás, cuando fui originalmente introducido al archivo por Claudio Williams, uno de los hijos de Amancio y quizás el gran custodio de su legado, descubrí que las capacidades del Amancio que yo conocía no eran más que una simple caricatura de sus verdaderas obsesiones.
Confrontar con un archivo consolidado por aproximadamente 10.000 elementos condujo a una profunda exploración sobre las propias ansiedades respecto de la producción en nuestro campo disciplinar. Suscitó también un meticuloso estudio sobre la fragilidad en la construcción de nuestra propia historia cultural, y en las altas probabilidades de que esta se desvanezca en nuestras manos. Pero por encima de todo, manifestó una oportunidad única para ensayar una agenda sobre resistencia y archivismo amateur en clave sudamericana.
Al conocer la decisión de la familia Williams respecto del futuro de los documentos que su padre acuñó por años, y su búsqueda de instituciones internacionales que la albergasen, nos enfocamos en el umbral del mientras tanto, al proponerles un programa de digitalización que pudiera cubrir una gran parte del archivo. Un proyecto que derivó en una nueva web, que ha sido el escenario casi exclusivo de las búsquedas relacionadas a Williams en los últimos años. Mientras nos focalizamos en fotografiar grandes cantidades de documentos, como si se tratase del accionar de un movimiento de resistencia y rescate, decidimos en paralelo exhibir la labor del arquitecto más allá de la selectiva curadoría que él mismo había profesado sobre su propia obra, visible en el libro póstumo que editó y compiló con uno de sus últimos discípulos.
Desde ese momento en adelante, esta ha sido una gran aventura, que existió solo gracias al amor y la perseverancia de una familia que promulgó la voluntad de un padre por ser parte de una realidad que le era ajena.
De nuestra parte, solo fue posible gracias a un grupo de creyentes que desarrolló una labor con excelencia a lo largo de los años y a quienes yo les estoy enormemente agradecido. A modo representativo me gustaría mencionar los nombres de Nicolás Smud, diseñador del proyecto de la web, Ines Molinari, Guillermina Pastomerlo y recientemente Guadalupe Tagliabue, como las mentes y manos detrás de la extensa selección de dibujos y data que hoy componen el archivo digital.
Ha sido gracias a ellos, ellas y otrxs que hoy puedo afirmar que el Archivo Williams es y será un archivo abierto.
Abrir el archivo se ha revelado como una manera de humanizar al idolo, al exhibir las nuancias de un trabajo que también fue realizado por otros y otras, una manera de explicitar la importancia de un amor familiar que terminó jugando un rol primordial en el devenir histórico de esta disciplina. Este proyecto nos permitió, en cuanto a pequeña agencia de gestión cultural, presenciar la totalidad del arco dramático que atraviesa un archivo de arquitectura, y desde ahí, tomar un lugar en esta discusión.
Volver a abrir el archivo en un contexto diferente, con nuevos lectores seguramente suscite nuevos descubrimientos sobre la obra de Williams. Estoy por igual emocionado y expectante por aquello que nos espera en el futuro cercano, también debo admitir, que estoy un poco aliviado de que todo aquello que viene será llevado adelante por otros.
Para todos aquellos que vendrán atrás nuestro, les deseo la mejor de las suertes en esta epopeya…
Los estaremos observando desde cerca.
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