Martín Huberman en conversación con Lucia Ardissone, Ignacion Fleurquín y Ana García Ricci (Estudio Bulla)
Conocí a los Bulla en el llano, primero como jóvenes paisajistas a los que llamabas para poblar un patio de plantas, luego como vecinos de estudio y de gestión cultural en el Barrio Parque los Andes, dónde nos hermanamos en una muestra sobre los paisajes abandonados de Buenos Aires (Baldío O, Galería Monoambiente), que germinó años después en un proyecto de investigación aplicada sobre nuevas estéticas para hacer paisaje (Baldío 2). Entre tantos intercambios, nos hicimos amigos.
Ficcionar el lenguaje en pos de una publicación, puede ser tradición, pero no debería ser costumbre. La amistad te da honestidad, apertura, te permite la duda, el error, la hipótesis como salto al vacío y lo más bello de todo fluir sin un fin. Más que una entrevista esta es la transcripción de una conversación que sucedió en un auto, en una ruta que atraviesa la Provincia de Buenos Aires, en un fade que va de la ciudad al territorio. Una analogía rutera que sirve de puesta en abismo para una carrera de quince años, en la que los Bulla lograron entender, definir, militar, defender, culturizar, educar y por encima de todo producir paisaje.
A diferencia de la tradición arquitectónica vernácula, en la que hay cierta linealidad y sobre todo constancia en la construcción de sentido disciplinar, en el paisaje hubo un ismo cuya potencia abrumadora estuvo definida por la sangre y alcurnia europea de Charles Thays. Tras el maestro, un siglo raso para la producción cultural de un lenguaje que aún hoy define nuestra vida urbana. Desde entonces, no hubo un estudio con una identidad tan consciente de las capacidades de su producción, del alcance de su proclama, de la necesidad de su lucha y del relevante destino político de su lenguaje, el paisaje. En quince años, los Bulla definieron en la práctica un nuevo paradigma profesional para el paisajismo en clave local y regional, cuya conciencia transformadora y estirpe localista, hoy hacen escuela. Indagar en sus orígenes para entender hacia dónde nos llevan sus paisajes es descifrar las formas de una disciplina que hace de lo sistémico un badén hacia lo orgánico, doblegando a los lenguajes de mitigación y resiliencia típicos de la arquitectura por aquellos que se definen en las lógicas de regeneración y pensamiento ecosistémico. Para Ana, Lucía e Ignacio, está claro que este, es el tiempo de los paisajistas.
Extracto de entrevista
El Fundamento
MH: ¿Reconocen en ese proceso de búsqueda a algún mentor?
IF: Marcelo Vila, en los diez años que tuvo la cátedra, quiso hacer un ensayo, como un experimento, y creo que nosotros y Bulla, somos el resultado de eso. Tiene que ver con una idea que él traía todo el tiempo, a partir de un texto de Eduard Bru (de la década de 1990 en Europa), que decía que la arquitectura y el paisaje son lo mismo. No hay una división entre quién hace qué. Y me acuerdo de escucharlo a Marcelo como enunciando un manifiesto, decía “ustedes tiene que salir de acá y hacer todos los parques de la ciudad, conquistar el espacio público, y los arquitectos tenemos que dejar de hacer parques”. Te metía en la cabeza una misión y una batalla. Una visión política y militante del paisaje.
Pero la formación nuestra más académica, en ese momento eran los referentes españoles, Juan Herreros, Iñaki Ábalos, Víaplana y Helio Piñón, eran los verdaderos personajes que estaba pensando en el espacio público. Las plazas sin verde, como la plaza de Sants[1].
LA: Para mí también es cien por ciento Vila. En otras cátedras, se diseñaban canchas de golf, haras y jardines.
IF: En ese momento, entrabas en Diseño 1, y lo primero que te proponían era estudiar una casa de Souto de Moura o el pabellón de Barcelona. Había que entender la arquitectura para después proyectar el paisaje.
AGR: Yo creo que hubo un cambio en la cabeza, con su herencia moscatera, vino a hacerse cargo de un taller de paisaje y correr el tablero. Nos cambió la cabeza. Creo que le debemos un montón en ese sentido. Le tengo cariño y aprecio, y se lo digo.
MH: ¿Tienen buena relación hoy?
AGR: Sí. La mejor. Nos cruzamos en la facultad, lo vemos, hemos hecho alguna que otra cosa juntos.
MH: Hay algo de tu trazo del dibujo a mano alzada que es medio “vilezco” ¿no? (a IF). Cuando lo conocí, recuerdo una percepción muy particular y su transición al paisaje, también a nivel proyectual. Marcelo Vila gana el concurso para proyectar los parques de Puerto Madero[2], pega ese giro y lo acompaña con su propuesta en la facultad. Quizás se anticipa veinte años a lo que pasa hoy, con muchos arquitectos que quieren o ensayan el paisaje, y este ya es una cuestión inmiscuida en la práctica y en la disciplina. ¿Fue el primero que planteó un poco eso?
IF: Yo creo que él y Alberto Varas, en ese momento eran los líderes de equipos que estaban disputándose el espacio público de los grandes parques en la ciudad.
MH: ¿Y había una diferencia entre las escuelas? Superficialmente, opino que en ambas el paisaje es el resultado del plano dibujado, de una estructura, un orden, casi una composición. No es un organismo.
IF: Yo creo que los dos, están un poco en la misma línea, incluso trabajaban con el mismo paisajista botánico. Y todavía en ese momento no estaba tan presente la cuestión “ecosistémica”.
MH: Si hacemos la comparativa Parque de la Memoria[3] y Micaela Bastidas, los dos hablan de la barranca.
IF: Son topografía artificial.
MH: La topografía generada por los rellenos para la concepción del parque como tal, y las relaciones con ese relleno de borde.
LA: Sí, de materialidades parecidas.
MH: Exacto, como el mojón.
IF: El hormigón.
MH: El hormigón como estructura. Los árboles están armados en una especie de grilla.
IF: Es que era un decálogo español, en mi opinión.
MH: Español y francés. Los grandes hitos del paisajismo de esa época son La Villette[4] y el Parc André Citroën[5].
IF: De hecho tenés los gaviones de los parques de Enric Miralles, tenes las barandas galvanizadas que también están en esa época, los grandes solados… Eso es español.
MH: Entonces Vila es un mentor académico e intelectual. ¿Hay algún otro?
IF: Vila es posicionamiento disciplinar.
LA: Y Rolando León.
MH: León es uno de los que presentó en los ciclos de Escape[6], ¿verdad?
AGR: León era una especie de institución en la Facultad de Agronomía, ecólogo con una formación prestigiosa. Era un personaje difícil, por ejemplo, mientras yo cursaba, no lo quería mucho. Con el tiempo entendí quién era.
MH: Yo creo que los mentores tienen esa condición. Necesitás que pasen un par de años para dimensionarlos. El mentor es quien, sin hacerlo de manera explícita, te mueve una fibra. A veces ese movimiento genera un rechazo, después con la distancia, esa fibra que quedó vibrando entra en sincronía.
AGR: Sí, por suerte, esa ficha cayó y pudimos reconocerlo, e invitarlo a Escape. Yo recuerdo haber estado en su oficina, lamento no haberle sacado una foto, donde estaba él con su campera de jean y su escritorio atestado de libros y una ventana hermosa que tenía. Creo que no se acordaba ni quién era (ex alumna suya), pero fui y lo invité y por suerte vino a hacer el Escape al estudio, y en esa ocasión estaba lleno de gente. Estaba feliz. Por suerte pudimos hacerle esa especie de homenaje. Y después de ese encuentro, al poco tiempo falleció.
LA: Su aporte fue la mirada territorial, entender cómo funcionan las relaciones que se dan en el territorio.
MH: ¿Los tres comparten los mismos mentores?
IF: Durante toda la carrera, a mí me acompañó mucho Sandra Almeida, me ha ayudado en momentos complejos. Es arquitecta de una zona del norte de Brasil que se llama Fortaleza
[1] Plaza de la Estación de Sants, Enric Miralles, Helio Piñón, Albert Viaplana. Ayuntamientos de Barcelona, Servicio de Proyectos Urbanos, Barcelona, 1982-1983.
[2] Parque Micaela Bastidas, propuesta ganadora del Concurso Nacional de Anteproyectos para las “Nuevas Áreas Verdes para Puerto Madero y la Revitalización y Puesta en Valor de la Costanera Sur”. Los dos grandes parques proyectados, Micaela Bastidas y Mujeres Argentinas, conforman una unidad junto con la plaza Raquel Forner. Graciela Novoa, Alfredo Garay, Néstor Magariños, Eduardo Cajide, Irene Joselevich, Adrián Sebastián, Marcelo Vila, Carlos Verdecchia. Dique 2, Ciudad de Buenos Aires, 2003.
[3] Parque urbano ganado mediante un concurso nacional de anteproyectos. Miguel Baudizzone, Jorge Horacio Lestard, Alberto Varas, Daniel Becker, Claudio Ferrari. Ciudad Universitaria, Ciudad de Buenos Aires, 200-2008.
[4] Parc de la Villete, Bernard Tsumi Architects, París, 1987.
[5] Parc André Citroën, Alain Provost, París, 1992.
[6] Escape es un ciclo de charlas informales organizadas por Bulla, donde los participantes eran invitados a reflexionar e investigar sobre el paisaje y la vida en la ciudad.