Curador: Martin Huberman

Participan: Caza estudio + Mapa, Fram Arquitectos, Javier Agustín Rojas, CCPM Arquitectos, Fernando Schapochnik, Ignacio Urnrein, Números Primos, Hueso.

“How can Legislation be considered as a proactive instrument for design rather tan an obstacle”. (Cómo se puede considerar la legislación como un instrumento proactivo para el diseño en lugar de un obstáculo).

Arno Brandlhuber, Legislating Architecture, documental, 2016

Bajo el slogan “Vivir mejor es Ley” la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires pone en rigor la absoluta influencia que la legislación tiene sobre nuestra calidad de vida. Sin embargo, las leyes no se discuten ni se redactan en lenguajes accesibles, sino en formalismos legales que ocultan agendas especulativas y políticas. Ya sea en la teatral grandilocuencia parlamentaria con la que se argumentan las leyes, en lo rebuscado de los legalismos de su redacción, o finalmente en lo velado de su verdadera naturaleza gestada en los pasillos que rodean el ágora legislativo, es que la ley como estructura formal pierde parte de su fundamental obligación de representar al bien público. Mediante títulos efectistas es que aparece el primer intento por subsanar esa distancia representativa, el lenguaje se hace accesible solo cuando es utilizado como propaganda política. Las leyes se publican entonces con nombres que prometen capacidades transformadoras de escala inverosímil y soluciones ideales que median agendas ocultas con problemas concretos.

Una ley comienza a rodar recién cuando sus aplicaciones se cristalizan en el cotidiano, a veces mediante interpretaciones profesionales que se apropian del diseño de sus articulaciones, otras a través de meros espasmos de pura individualidad oportunista que brota de pequeños vacíos legales. A grandes rasgos, el entorno construido que es nuestra ciudad, se dirime en la intensa danza entre obediencia y desobediencia a lo legislado, en la fricción entre las agendas políticas, las estructuras especulativas y la domesticidad como reacción a esos poderes.

Las disciplinas del diseño parecen haber quedado atrapadas en ese baile, en un contexto local que las achata como simples bienes de ahorro, inversión y consumo, y que las mantiene lejos de la discusión política, cultural y social. El diseño, como disciplina, ostenta sin embargo un valor único, su capacidad de proyectar y construir nuestro entorno haciendo, del derecho espacio, de la norma uso, y del vacío oportunidad. Es entonces fundamental construir una agenda propia, de corte profesional, que recupere la voz como voluntad política y que nos permita dejar de lado el rol de meros ejecutores de agendas ajenas para volver a ser proyectistas de nuestro propio futuro.

Esta exhibición intenta dar un paso en los debates de esta nueva agenda poniendo en evidencia tres ejemplos legislativos recientes que regulan el futuro de nuestra domesticidad: la nueva Ley de Edificación de la Ciudad; la Ley de Basura Cero; y la reluciente Ley de Generación Distribuida. La curaduría hace foco en el ejercicio experimental de la disciplina como generador de pensamiento crítico, buscando dar un paso firme hacia la redefinición de la práctica profesional local. Las obras expuestas ponen a prueba los diferentes lenguajes y mecanismos del diseño, como la investigación, la fotografía, la representación, la ilustración, el prototipado, la comunicación y la pura definición del espacio construido.

Ley 1854 - Ley de Basura Cero
Basura Cero

“The street emerges as a site in which architecture’s wastes disappear into non-urban space. Gutters, sewers and the upper atmosphere convey urban pollution elsewhere”.

David Gissen
A Theory of Pollution

La Ley de Basura Cero (2006), mediante la cual la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires articuló el nuevo esquema de separación y manejo de los residuos domésticos y urbanos, es un claro ejemplo de la distancia entre ley y aplicación.

En su nombre la ley pondera un escenario utópico en el que la basura se asocia al Cero, sugiriendo que en algún momento podemos dejar de producirla. El título, en formato propaganda, simplifica y hasta invisibiliza el problema, en lugar de trabajar en pos de un entendimiento responsable sobre aquello que generamos a diario y su inevitable repercusión en el entorno urbano y el medio ambiente.

La basura es la principal producción doméstica y uno de los aportes más críticos que hace la esfera privada a la pública. Como dice Gissen, la vereda, como primer registro público, tiene la fuerza suficiente para enajenar aquello que en ella depositamos, haciendo parecer que todo lo que se encuentra fuera de casa, pasa a ser un problema ajeno, distante e impersonal. Lo público es de todos, y a su vez no es de nadie.

Sin embargo, la basura siempre está, ya sea en bolsas asépticas, en volquetes de obra, en contenedores desbordados, o bien en un futuro cercano en el aire de la ciudad, diseminada en cenizas contaminantes producto de su combustión. En el 2018 la Legislatura modificó la ley, al ver que los objetivos planteados originalmente quedaban truncos y que el sistema iba camino a una inevitable saturación. La reforma permite la “termovalorización” de la basura, un eufemismo político para enunciar la incineración de residuos sólidos como método final de descarte. Lejos de legislar en pos de la reducción de la producción de basura y proyectar hacia un ecosistema menos contaminante, la Ley hoy pondera como solución la generación de energía basada en la combustión de la basura, una fuente que no es considerada limpia, ni renovable.

Es fundamental que la práctica abogue en el diseño de una agenda que establezca una nueva estética de la basura, generando el estado de conciencia necesario para evidenciar la responsabilidad que tiene nuestra vida doméstica sobre los problemas ambientales que nos aquejan. Es en la visivilización y reconstrucción de nuestro entorno doméstico en el cual nuestros desechos son parte, que esta muestra da un paso hacia romper el vínculo innegable del diseño con el círculo vicioso en el que la basura que producimos nos vuelve en contaminación, para experimentar en nuevas formas de enfocar la profesión hacia escenarios virtuosos como el de la economía circular.

6 m3
Fernando Schapochnik

Con frecuencia, el equilibrio entre espacio público, infraestructura y domesticidad está subordinado a estructuras de segundo orden, generalmente inadvertidas, con dinámicas propias e imprecisas. La aparición de un volquete en la calle es un hecho incómodo e igualmente encantador. Un objeto de duración indefinida y futuro desconocido, un inquilino a veces despreciado aunque ineludible.

El volquete es un espacio de descarte de lo que acontece del otro lado de la línea municipal. Es bruto y puro, cristaliza voluntades y se excusa del orden mientras almacena restos de construcciones pequeñas, gigantes, reciclajes, demoliciones. Puede ser muchas cosas a una vez: testigo de la cotidianeidad de un grupo de albañiles, depósito de ramas podadas, una colección de bolsas de contenido incierto, un receptáculo de tierra y arena fuera de escala, un contenedor de escombros, un inventario de todo lo que ayuda a construir pero también desaparece, de todo lo que cimenta la arquitectura desde la ausencia, desde lo que constituye pero no conforma. Además, en el vértigo urbano, el volquete representa un oportunidad para liberarse de aquello que no sabemos dónde soltar. El anhelo de la domesticidad modelo tiene en el volquete su lado oscuro, la extensión para las obsolescencias. Cada interior ofrece un pequeño universo obsceno del desecho, una colección de vestigios e individualidades, de piezas huérfanas, de idiosincrasias constructivas y públicas.

6m3 se compone de una serie de ocho fotografías que retratan la franqueza morfológica del volquete e indagan los universos singulares que se constituyen en su interior a lo largo de distintos barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

Vereda
HUESO

Ilustración digital, pintada (aerosol, esmalte al agua y fibrones de pintura acrilica) por Edu Loogia.
Realizaciones por Leonor García Vercillo y Diego Cinalli.

“VEREDA es una ilustración que busca retratar la acumulación de objetos en la vía pública. Así como una silla en la comodidad del hogar junta ropa, el contenedor de basura sigue el mismo camino. Es el nuevo punto de encuentro para un abanico de objetos.
Todo comienza con una remera en la silla, que habilita a una camisa y luego a un pantalón. Es lo mismo que un volquete en una obra, un cajón de cerveza afuera de un comercio o un tacho de basura en la vereda. La calidad de vida está dictada por nuestras acciones.”

Colección Ego - Lógica
Números primos

Compostera doméstica Estructura de acero fabricada mediante corte láser, contenedores de acero inoxidable y detalles en plástico, h43 x 45 x 34 cm.
Tacho de basura
Papel reciclado aglutinante vinílico, 36 x O31 cm.
Vela y soporte
Vela a base de aceite de cocina reciclado y esearina, soporte en chapa de acero con corte láser: 8 xO8 / 10 x O8 cm
Huerta doméstica
Base de cerámica esmaltada, tapa de acero; h15x 50 x10 cm.
Tacho de basura de papel reciclado

Este producto trabaja sobre dos ejes, por un lado el uso comercial y marketinero del concepto de reciclado y por el otro la relación física que tenemos con la basura.

Por lo general los productos reciclables de consumo diario hacen uso comercial de la idea de reciclado al tiempo que se deslindan del problema de la generación de basura. El caso de las botellas de plástico es claro, si bien están compuestas por materiales altamente reciclables, sólo el 9% del plástico mundial procede de reciclables. Reciclable al 100% suena bien, pero la tarea siempre parece corresponderle a otro. Es decir que esas botellas difícilmente “hagan su parte” en la búsqueda por reducir la producción sinsentido de plástico. La idea general sobre un producto reciclado es que tiene menor valor que un producto nuevo. Existe una errónea concepción en la que el material por ser reciclado es de menor calidad, o bien más barato, cuando suele ser más bien todo lo contrario. Reciclar es por lo general un proceso complejo que requiere hasta varias iteraciones que las necesarias para un producto nuevo.

¿Cómo hacemos entonces que ese producto sea atractivo nuevamente?

Nos interesan las tiendas de los museos como escenarios de validación del diseño, en ellas se perpetúa la experiencia del museo en elementos consumibles. Esa halo curatorial que baña la selección de las tiendas, es un ecosistema ideal para un producto de uso meticuloso, como lo es un tacho de basura, hecho con papel reciclado. El mismo no solo demanda un acto consciente al desprenderse de la basura, ya que arrojar deshechos húmedos lo destruiría, sino que demanda casi un cambio físico en cuanto a nuestra relación con la misma, pasando de tirarla a quizás apoyarla suavemente para no dañar el tacho.

Ser responsables del que y como desechamos es sin dudas un cambio fundamental de consciencia a tomar.

Huerta Hidropónica

El diseño de este producto se concentra en hacer visible el origen de las cosas. La trazabilidad de los productos es un aspecto fundamental que pasa inadvertido a la hora de consumir. En el ámbito de los comestibles, en los últimos tiempos se hicieron fuertes los términos de “alimentos de estación” o “productos regionales” que fomentan el consumo responsable, desincentivando consumos exóticos que demandan viajes transatlánticos en frigoríficos que derrochan CO2.

Nuestra huella de carbono mide el impacto que tenemos, entre movilidad y consumos diarios, en base a las emisiones de CO2 que genera nuestro estilo de vida. Pretender que las personas conozcan el impacto de sus consumos es demasiado ambicioso, sin embargo tener presente este concepto nos permite explotar la idea de “producir localmente” para reducir la carga ambiental.

Teniendo en cuenta esto la huerta permite una participación plena en la generación de un alimento, donde el impacto de la producción del mismo es nulo. Al mismo tiempo “obliga” a un usuario a generar un vínculo/compromiso constante con sus hábitos de consumo.

Asociamos esta nueva postura a una tendencia dentro de una conducta social actual; la exposición en redes sociales de una alimentación saludable y estéticamente atractiva. La llegada de estos medios, el nivel de interacción y la influencia que pueden ejercer individuos resultan altamente atractivos para fines comerciales. Es necesario hacer una explotación de los mismos con fines ecológicos. Si hay algo que necesitan los paradigmas sustentables es apoderarse de nuevos seguidores que participen activamente. Si la convicción estética abre la posibilidad de una convicción moral, bienvenida sea.

Compostera

Sacar la basura supone un acto de liberación consciente, mediante el cual perdemos posesión (y culpa) de los desechos que producimos a diario. Nos deshacemos de aquello que ya no necesitamos, y al dejar la basura en la vereda dejamos el problema en manos de otro.

Este producto busca poner en jaque dos creencias: lo que consideramos basura, no tiene valor y que otro es responsable de deshacerse de lo que nosotros producimos. Cerca del 50% de los residuos domésticos son orgánicos, y gran parte de este porcentaje es compostable. Existe entonces la posibilidad de aprovechar aquello que a priori no tenía más valor, y revalorizarlo en un proceso doméstico, sin necesidad de recurrir a un ente externo. Valorizar la basura, hacerla visible y hacernos cargo de ella es sin dudas un camino propenso para acercarnos al ideal planteado por la Ley de Basura Cero.

Nos interesa hacer uso del carácter aspiracional de algunas lógicas de consumo al producir un producto fetiche que se coloca sensorialmente por encima de la función y cuya posesión satisface las necesidades más banales del usuario. Esta compostera busca hacer que la pulsión de compra se transforme en un hábito sustentable.
Vela

La conducta asociada a este producto tiene su origen en el auge del diseño open source, el DIY o Hágalo Usted Mismo, que se hizo extensivo gracias a plataformas sociales como Youtube. La cantidad de información técnica disponible en internet sobre los Cómo? abre la posibilidad de la auto-construcción/reparación que hace algunos años estaba restringida. No solo abre una posibilidad para aquellos que buscan información, sino que también se transformó en un bien de consumo por placer. Esto multiplica el alcance del conocimiento y por lo tanto, proponemos aprovechar esa tendencia en una práctica sustentable. Una vela hecha con aceite de cocina usado a partir de un simple kit de autoproducción, no es un objeto de deseo, pero alimenta un compromiso moral por ser activamente sustentable desde las acciones más pequeñas y banales. El producto fue diseñado sobre la literalidad de echar luz sobre nuestros desperdicios y hacer de ellos una excusa para una nueva actitud responsable.

Todo lo que no sirve
Hernán Pedros / Nacho Urrein

Video digital
Colaboradora: Sofía Zappacosta.

En diciembre de 2018 comenzamos a investigar el mundo del volquete. Logramos registrar los momentos bisagras de una práctica que tiene como pilares la disposición del “tacho” en su fugaz entorno urbano, la recolección del mismo una vez repleto de descartes y la epopeya de su traslado hasta completar su misión y descargar su varipinto conetenido en su destino final. Una práctica aristotélica que hace honor a Poética, el mejor saber es el que no sirve para nada. Como nos comentó Daniel, volquetero de profesión, en el recorrido que compartimos con él en horas mágicas cuando la ciudad se debate entre amanecer o seguir durmiendo: “Todo lo que no sirve va a parar a un volquete”.

Ley 6100 – 18 - Nueva Ley de Edificación de la Ciudad de Buenos Aires

Del Monoambiente al Medioambiente

“In the realm of public policy (…) the implicit or explicit assumption has been, or continues or for the most part continues to be, that architecture and design are for those who can affor it; that architecture and design exist in the realm of desire rather tan need”.

Linda Pollak
Architecture as Infraestructure for Interactivity: The Need for Desire.

Hacia fines del 2018 la Legislatura porteña aprobó los nuevos Códigos de Urbanismo y Edificación de la Ciudad de Buenos Aires. Los mismos presentan nuevas estrategias de crecimiento y densificación, buscando entre otras cosas, duplicar la población de la Ciudad en el futuro cercano. Una de las piezas más resonantes del nuevo Código devenido en Ley, habilita el desarrollo de una nueva tipología mínima habitable, el monoambiente de 21 m2. La misma reduce de manera significativa la superficie mínima para espacios habitables de primera, que hasta ese año estaba entre los 27m2 y los 32m2.

Esta contracción hacia la micro domesticidad que plantea el nuevo Código es un giro drástico en la relación tirante entre espacio doméstico y espacio urbano. Al formalizar el espacio privado en el campo de lo mínimo y suficiente, donde únicamente es viable dormir, asearse y comer, el espacio público estará desbordado por el resto de las acciones cotidianas. La ciudad deberá absorber una gran parte de nuestro campo doméstico compuesto por todas aquellas acciones que eluden a lo básico, como por ejemplo estudiar, reunirse, expandirse, entretenerse, jugar, entre otras.

Mientras la Ley promete ampliar el primer acceso a la vivienda, obvia las responsabilidades e implicancias que conlleva este salto del monoambiente al medioambiente. En ella no plantea ni legisla la puesta a punto de nuevos escenarios domésticos permeables a esta nueva espacialidad. Dejando en claro que prima una agenda especulativa, inmobiliaria y tributaria, por encima de una agenda social que ofrezca una mejora en las condiciones de vida.

Las obras que componen este primer recorte de la sala, ponen en evidencia las mediaciones entre lo que rige la Ley y lo que aflora como proyecto de una nueva domesticidad. Ventanas ilegales, medianeras que doblan en fachadas, metáforas como instrumentos de venta, y quizás el propio lenguaje como abstracción espacial son algunos de los sistemas relacionales que componen ese nuevo entorno habitable. Estudiarlos, destacarlos y reconstruirlos es un paso obligado hacia una agenda profesional que abogue por recuperar una voz en el entramado de decisiones formales que forjan nuestra ciudad desde adentro hacia afuera.

Nueva unidad mínima
FRAM Arquitectos

Perfiles de chapa galvanizada, placas de roca de yeso y pintura acrílica.
Selección de objetos domésticos, pintura acrílica.
Instalación Site-specific; 312 x 760 x 260 cm.
Medidas variables.

El nuevo Código de Edificación de la Ciudad – Ley N.° 6100 – define dentro de sus páginas los requisitos básicos de habitabilidad. La descripción de los mismos presenta como denominador común la utilización del adjetivo mínimo: cantidad mínima de locales, dimensiones mínimas de los mismos, iluminación y ventilación mínima, etc.

Al referirse a la Vivienda Mínima, todos estos parámetros se agrupan estableciendo el umbral que define lo que para la Ley son los requisitos indispensables, y por lo tanto suficientes, para vivir dentro de la Ciudad.

Nueva Unidad Mínima supone una transcripción directa de lo redactado en el Código a una maqueta en escala real.

La definición del espacio construido es el resultado de limitar el proceso proyectual a la simple transcripción espacial de los parámetros establecidos por la Ley. Una montaña de objetos vinculados directamente al habitar doméstico, agrupados aleatoriamente y dispuestos adyacente a la construcción, plantean una contraposición entre el volumen (masa) que ocupan los mismos y el volumen (vacío) habitable determinado por el Código como suficiente. En su abstracción constructiva y mínima, el Código deja fuera todas los elementos que componen la cotidianeidad doméstica ¿cómo se supone que maximicemos nuestro habitar en un espacio legislado para lo mínimo?

Ambiente único
Caza Estudio + MAPA

Instalación Site-specific, medidas variables.

Ambiente único es una agencia virtual de diseño de unidades inhabitables. Se alimenta con literalidad de la publicidad periodística y de la mirada sesgada y optimista del mercado de las microviviendas para crear un imaginario crítico. Toma como fuente para la creación de escenarios virtuales fragmentos o comentarios extraídos de textos periodísticos y publicidades inmobiliarias publicadas en medios gráficos de gran difusión. Los mismos son tabulados, catalogados y traducidos de modo tal que el contenido literal de los textos se materializa en espacios virtuales. Cada prototipo es un ambiente único, ¿acaso susceptible de ser habitado?

La clave está en las apariencias.
¿Qué tipo de usuario habitaría un monoambiente de 18m2, qué pérdidas y ganancias implicaría para la experiencia humana y cuál es el beneficio económico tanto para el negocio inmobiliario como para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los potenciales propietarios?

Procurando salir de nuestra percepción subjetiva nos volcamos a la recopilación de notas publicadas en medios locales que anticiparan estas nuevas unidades funcionales (previo a la aprobación del nuevo código de edificación).

Prácticamente todos los artículos encontrados se trataban más bien de espacios publicitarios de desarrollos inmobiliarios o proveedores vendiendo sistemas que se adaptan a espacios reducidos.

Lo mismo se dio en los artículos enfocados al interiorismo, donde muchas de las soluciones se proponen engañar al ojo, como espejos que agrandan el espacio; o artefactos articulados que construyen espacios multifuncionales: como la cama que se hace sillón, la mesa que se convierte en asiento.

El trabajo profesional del arquitecto parece devenir en ser un ilusionista, que oculte la sintomatología de la falta de espacio mediante artilugios varios.

El mundo virtual abre el juego a la experiencia de lo aparente.

El mercado impulsa, mediante el recurso de la vista previa, a generar imágenes de una vivienda ideal que está muy lejos de reflejar la cotidianeidad del habitar contemporáneo.

El proyecto se desarrolla a partir del trabajo conjunto y de manera remota, entre Caza Estudio (desarrollando el espacio en 2D, desde Buenos Aires) y Mapa (en 3D, desde la Patagonia), tratándose de una metodología de trabajo muy habitual en los estudios de arquitectura, donde la producción está desdoblada, así como lo que se proyecta y lo que está siendo proyectado se representa a distancia.

Seleccionamos fragmentos y citas de los textos periodísticos recopilados. Los tabulamos y agrupamos según el tipo de comentario y tradujimos ese contenido en espacios virtuales o prototipos: ambientes únicos.

Un ambiente “pensado para el que pide delivery (…) y solo se queda en la casa para mirar Netflix”, entre otros.

Pretendemos poner en evidencia el desfasaje existente entre lo que propone la normativa y el mercado en relación a los modos de habitar contemporáneos, así como el problema per se entre representación y proyecto.

Aire y luz
Javier Agustín Rojas

“El ‘patio de aire y luz’ es un elemento ideado por el primer Código de Edificación de Buenos Aires (1944) para garantizar la mínima ventilación e iluminación natural de los espacios interiores de un edificio. Si bien su normalización y los caracteres a través de los cuales se le da forma han variado a lo largo del tiempo, siempre han estado determinados por una serie de factores comunes al terreno de cada edificio, como su superficie, el ancho de la calle, la ubicación dentro de la manzana y su zonificación. Es en la combinación matemática de estos valores donde surge la variación de volúmenes, formas, tamaños, ángulos y escalonamientos que pueden compararse en estas fotografías.

Si el desarrollo de la ciudad se considera a partir de la máxima explotación posible del suelo, los patios de aire y luz presentan un vacío que responde exclusivamente a la forma de la ley. […] Esta serie de fotografías está enfocada en cómo una normativa abstracta, anónima, inmaterial y urbana produce espacio reales, particulares, específicos y domésticos. Las imágenes retratan las modificaciones individuales que los habitantes han realizado a lo largo del tiempo para configurar su hábitat, sea cerrando un balcón, abriendo una ventana ilegítima en la medianera o pintando una pared. Es en estas intervenciones donde cada fotografía resalta la especificidad de cada patio de aire y luz como un espacio de tensión entre lo doméstico y lo urbano.”

Corrientes 3981
Corrientes 5589
Figueroa Alcorta 3085
San Juan 245
San Juan 440
Santa Fe 1440
Santa Fe 1718
Santa Fe 2245
Santa Fe 5012

Ley Nº 27 424 – Ley de Generación Distribuida

Generación Renovable

“Ideology rarely evolves at the same pace as our technology. That’s one of the roles of design: to prototype the cultural implications of all possible futures”.

Liam Young
A Year in Architecture – Metropolitan Museum of NY (Ponencia)

La ley de Generación Distribuida, aprobada hacia fines del 2018 por el Congreso Nacional estructura un cambio fundamental en el campo de la industria energética nacional al introducir en la escena a un nuevo actor capaz de producir energía: el usuario-generador. Hasta entonces, únicamente empresas especializadas podían producir para luego comercializar energía mediante su inyección en la red pública nacional, por la que sería distribuida hacia los diferentes focos de consumo.

A partir de la ley, tanto usuarios domésticos, industriales como comerciales pueden devenir en proveedores de energía y ser remunerados por sus aportes a la red, siempre y cuando su producción provenga de fuentes renovables, como la eólica, fotovoltaica, hidráulica, y finalmente de biomasa o biogás.

Con el supuesto objetivo de diversificar la matriz energética nacional, mediante el fomento de energías renovables, la ley busca entre otras cosas mitigar el problema de la crisis energética en la que esta sumergida la red nacional hace ya varios años. Un sistema colapsado producto de un cocktail letal compuesto por la falta de planificación, la desinversión, y sin duda alguna la nula conciencia por parte de los usuarios residenciales sobre el impacto en la red, de su propio consumo, equivalente a un tercio del consumo total. Legislar en pos del autoabastecimiento y sobre todo de la comercialización del excedente como estructura financiera y cooperativa para palear la crisis es sin dudas un proyecto ideal. Además que de manera colateral, impulsaría un cambio paradigmático en la escena doméstica, donde por primera vez la basura hogareña no sería la única producción a ser inyectada al sistema público, sino que ahora se sumaría de manera virtuosa la energía de fuentes renovables.

Una vez más el cuerpo de la ley se concentra en hacer extensiva y burocrática la reglamentación para acceder a los beneficios del sistema, mientras adolece sobre instrumentaciones físicas en el medio construido. Más allá de los paneles, aerogeneradores, los inyectores y los medidores bidireccionales (que median consumo e inyección) la ley abre las puertas a un nuevo negocio. El mismo, establecido en el campo de lo individual, define una serie de consecuencias positivas y negativas a escala grupal. Al igual que los trazados de cable que surcan las calles, las antenas satelitales que se proyectan de las fachadas, las unidades exteriores de aire acondicionado que exudan aires viciados mientras gotean desde lo alto las veredas, y porque no las ventanas ilegales y publicidades que se disputan medianeras sobre avenidas, en un futuro cercano habrá una proliferación de paneles y otros sistemas afines, que, descolgados de balcones y azoteas darán batalla por hacerse de un pedazo de sol o una cálida brisa urbana para ser productivos.

La profesión podrá dar entonces la nota en versiones articuladas en la implementación de estas tecnologías, acuñando el lenguaje en sistemas ocultos como los sanitarios y eléctricos o quizás podrá ser una vez más víctima del poder incontrolable del crecimiento informal, desregulado e individualista que siempre la excede. ¿Cómo puede reglamentar una ley, las sombras proyectadas por un vecino, sobre nuestros sistemas captadores de luz? ¿Cómo puede a su vez el diseño de un edificio favorecer canales de viento para alimentar turbinas domiciliarias y así garantizar el consumo necesario, o mejor aún la plusvalía de nuestros excedentes? ¿Sera dominio del diseño encontrar las variables formales y relacionales para generar un sistema ecuánime digno de una generación responsable de los recursos? Sin dudas que en el uso de sus herramientas proyectivas el diseño tiene el poder y porque no el deber, de al menos trabajar en pos de la visualización de conflictos posibles que la ley en su idealismo decide no mirar. aquellos.

Hacia una Agenda - PROA

Umbral electrónico
CCPM Arquitectos

Instalación audiovisual Site-specific; video 4’10’’ en loop

Producción audiovisual: Romina Fontana alias Romiko Tchan
Animación: Germán Katz Registro: Martín Flugelman Colaboración: Candelaria Gomez Smurra

La pieza proyecta un devenir de la Ley de Generación Distribuida en dos escalas diferenciadas, el paisaje urbano y la edilicia. Las ventanas de la sala se abren virtualmente hacia la Vuelta de Rocha con imágenes que exponen proyecciones culturales y urbanas de esta ley. La relación entre el interior y el exterior ya no está solo mediada por el espacio, sino también por la electricidad, la electrónica y el código digital. ¿Puede la ventana devenir pantalla?

Diseño de exhibición

Estudio Normal