El dilema de los archivos de arquitectura es vasto y quizás inabarcable para mi poder de entendimiento, sin embargo, hay ciertos temas que la discusión suele obviar y que creo de singular importancia, o para ser más preciso, de colorido interés como para no destacarlo a la hora de hablar del tema. En mi reciente experiencia con el Archivo Williams, me encontré numerosas veces vinculando las diferentes escenas y momentos de la discusión con aquellas que se definen según los cánones estéticos de lo telenovelesco.
Por ejemplo, me es imposible disociar la idea de un archivo con la noción de tironeo que lo atraviesa. Que son Patria y patrimonio, que son cultura, que son nuestros, que son de ellos, que no son de nadie, que se van, que se quedan, que son abandonados, que son rescatados, que son olvidados, que son descubiertos, que se pudren, que se salvan, que se venden, que se donan, que se nacionalizan, que se digitalizan, que se abren, que se cierran y que se yo cuantas tragedias griegas más pueden ser homologadas bajo el dramático paraguas de un archivo de arquitectura.
Sin dudas es poco familiar, para la disciplina, pensar en las vicisitudes por las que debe pasar un archivo para devenir en tal. Por lo general, el archivo es atravesado únicamente por una mirada académica, o historicista, que inmediatamente lo solemniza, venerando a la figura, a su obra, su maestría, sus dibujos, sus dudas, sus soluciones… pero pocas veces se pone en crisis la propia elocuencia que debe desarrollar uno sobre si mismo para empezar a construir la idea de archivarse a si mismo. Es absurdo creer que los archivos surgen del mero conservacionismo meticuloso de alguien que simplemente es ducho a la hora de “ordenar sus papeles”, o bien pensar que son el fruto caído de un simple TOC o similar trastorno dónde el orden es sinónimo de progreso.
Archivarse es trascenderse. Es pensarse más allá del eje medianero que nos divide con nuestra vecina, la muerte. Y, por ende, es definirse a uno mismo, con la convicción de que El Futuro, o alguien que lo habite, querrá saber en que dedicamos nuestro tiempo, o al menos aquello que nosotros decidimos conservar sobre nuestro paso por nuestro tiempo.
Esa figura principal, el capocómico triste que ya no está, el arquitecto archivado, suele acaparar tanta atención que uno se pierde de observar a aquellos que lo rodean, sus colegas, colaboradores, o mismo sus familias.
Vengo de una familia de arquitectos, y el binomio me resulta indivisible, quizás por eso me inclino un poco más por ese último organigrama.
¿Me pregunto además si existe un contexto de tire y afloje, un drama griego o una telenovela en el que no exista la familia?
¿Qué pasa si nos ponemos a pensar en la importancia de las familias en esta historia?
Las familias, que no sólo tuvieron que aguantar en vida a esa figura y su grandilocuente obstinación por ser archivada, y que tendrán que, una vez muerta, velar por la custodia eterna de su archivo
Es importante entonces que pensemos en las familias.
En la mayoría de los casos serán ellas las que terminarán por definir el destino de aquello que les fue heredado. Y las herencias no se elijen. Empaticemos entonces con las familias, que deben abordar una discusión en dónde constantemente esta presente aquel al que han perdido. Entendamos que las familias pueden equivocarse, descuidar y sobre todo adolecer en el dimensionado patrimonial de aquello que para ellas no dista de cierto lenguaje hogareño y sobre todo familiar. Admitamos entonces que la memoria familiar vale tanto o más que aquella de proclama popular. Asimilemos en esas proclamas por los patrimonios culturales que parte de lo que esta en juego es también la memoria de una familia.
Hagamos entonces el ejercicio de imaginarnos que alguien nos diga que hay un protocolo para recordar a nuestros padres, o a aquello que han dejado atrás, ese dibujo, esa maqueta, esa serie de cuadernos con anotaciones sin sentido o bien la intimidad de una correspondencia persona a persona. O peor aún que todo Eso tiene un valor incalculable que debería ahora formar parte de los bienes del Estado.
En el caso de Williams, su archivo tuvo la suerte de caer en manos de una familia con criterio y con especial convicción para dar cada uno de los pasos que había que tomar para conmemorar el relato de su padre. Aún si eso significaba tomar los riesgos de transitar un trayecto que presenta las mismas probabilidades que una serie avanzada de ruleta rusa, en donde todo el trabajo de años podía dispararse por los aires. De no ser por el trabajo que la familia Williams llevó adelante durante más de treinta años, el archivo de Amancio hoy no existiría. Y creo que en ese caso hay que concederle a la familia el derecho a definir no sólo que hacer con la memoria de su padre, sino con esos treinta años de lucha por mantenerla a flote. Es innegable que su criterio es fundamental a la hora de definir el guión del próximo episodio de esa historia.
Pensar el archivismo únicamente desde una óptica patrimonial no parece habernos llevado muy lejos en cuanto a nuestra construcción cultural o simplemente disciplinar. Y es quizás en esa mirada corta sobre el archivo como bien de estado y no como constructo social que creo que se ha perdido la perspectiva necesaria para entender la importancia de construir una institución que pueda albergar, estudiar, fomentar y desarrollar los archivos. Creo que tenemos que ampliar el foco y pensar en las familias a la hora de delinear una institución que las ampare y las libere de aquello que quizás no tienen ganas de hacer, que abrigue la memoria de su familia y les permita a ambos descansar en paz. Quizás todos aquellos que tienen o tuvieron ideas sobre lo que debería ser o haber sido de este o tal archivo, deberían ponerse a trabajar en ese vacío, en ese hall de recepción que pueda no solo abrigar a los que llegan para quedarse ad-eternum, sino a aquellos que vienen a curiosear, a indagar, a escarbar, a hacer uso de un archivo como camino para construirse a si mismos en reflejo de una obra ajena. Estos últimos serán quienens involuntariamente se constituyan como la nueva familia adoptiva del archivo. Sólo mediante su investigación, la obra, profesada con familiar amor, podrá proyectarse en tiempo presente y finalmente explayarse hacia el futuro. Es quizás tiempo de dejar de venerar a los muertos para darle lugar a los vivos, pensar una institución moderna y permeable que destaque la importancia de patrimonial de aquellos que construyen a la cultura y no sola la veneran. Despues de todo son ellos que con maestría atraviesan al pasado con su voz en tiempo presente y engrosan las fundaciones para aquel futuro incierto pero posible, dónde el archivismo en formato nacional pueda finalmente constituir un hogar.
Algo de esto aprendí a los tumbos en estos últimos años de archivismo amateur, que se extendieron desde el día en que me enteré de que el Archivo Williams buscaba destino fuera del país, hasta el momento que me di cuenta que mis esfuerzos por retenerlo se habían frustrado definitivamente.
Trained as an architect, he also exercises as a designer, professor and curator. He received his degree from the Faculty of Architecture, Design and Urbanism at the University of Buenos Aires in 2006, and then continued his studies through graduate courses in Buenos Aires and the United States. Upon returning, by mid-2008 he opened Normal™, determining his interest in experimentation and research projects applied to architecture, design and cultural management. In 2012 he opens Monoambiente the first non profit gallery in Southamerica specialized in experimental architecture and design.
El Estudio Normal
Multidisciplinary architecture and design office founded in 2008 by architect Martin Huberman.
“At Normal™ research is at the base of all of our projects. We seek to get away from common ground while we try to redefine the notion of space, matter through our own systems and languages.
With time we developed our own way of Doing, based in trial and error, in common sense, design through simple gestures part of a universal skill to build, inherent to us all.
Monoambiente Consorcio
Monoambiente is an experimental cultural agency committed to the development of cultural projects architecture and contemporary design. By challenging and questioning established limits, the exhibitions, actions, and programs carried out under its auspices further the material and spatial language of both disciplines (architecture and design). It foments action and engagement as exploration and collaboration as support.
The intention is to make a contribution that operates on conceptual, material, and professional levels, encouraging engagement and dialogue between architects, designers, students, and the general public. The space is a milestone in the city’s cultural milieu as it engines the contemporary experiences and productions of both local and international designers.