Curador: Martin Huberman
Participan: Alarcia-Ferrer, Ana Rascovsky, Ana Smud, Diego Arraigada, Baag, IR arquitectura, Manuel Cucurell, Monoblock, Sustantivo Colectivo
Esta muestra se funda en una reacción contra el presente, en la voluntad de proyectarnos hacia delante, hacia lo incierto, hacia lo desconocido. Encuentra un antecedente en el ímpetu de un colectivo estudiantil inglés que, en los años sesentas, supo construir su notoriedad militando el futuro. Ese colectivo adoptó el nombre de Argigram.
Archigram nació como una publicación, ”Architecture Telegram”, en manos de un grupo de jóvenes estudiantes de arquitectura de la Architecture Association de Londres. Buscaban consolidar ideas y pensamientos sobre el futuro de la ciudad, pero ante todo sobre el futuro de una disciplina que según ellos, tras los años dorados del modernismo, se había tornado insípida.
Esa primera publicación, estudiantil, reaccionaria y-¿por qué no estratégicamente visionaria, evolucionó desde un simple panfleto gráfico offset hacia un ejercicio crítico que funcionó por más de una década como think tank futurista. En aquel entonces, Achigram publicó un sin fin de proyectos inspirados por la sociedad de consumo, la era de la información y la floreciente era espacial. Los proyectos, esbozados en un denso y vívido carácter gráfico-figurativo, aunque algo sintéticos en teoría, perseguían el interés particular de definir a la producción arquitectónica como una pieza de consumo masivo, de
carácter irreal aunque ciertamente fundamentado.
Si bien la riqueza proyectual del grupo es aun hoy considerada como vanguardista y algunas de sus ideas encuentran una traducción certera en obras de la arquitectura contemporánea, podríamos decir que el futuro planteado por aquellos proyectos conlleva una cuota de idealismo “primeromundista”, características de ciudades que no se ven superpobladas, en donde es posible imaginar que las ciudades caminarán algún día a paso firme, y se concibieran mediante sistemas eficientes de circulación vehicular y aéreo, mientras los prototipos habitacionales se desechaban y renacían cada cinco años.
¿Es posible trasladar ese modelo proyectual a un contexto local? Donde no existe una lógica de largo plazo, la estabilidad (tanto económica como social) donde la especulación efectista vence ante cualquier enunciación proyectual. Está claro que nuestra realidad inestable define un futuro de corto plazo, previsible y hasta palpable en la constante distopía del fracaso, pero ¿qué pasa si nos desmarcamos de la relación directa con el contexto? ¿Qué pasa si adoptamos lo irreal, lo insostenible y por qué no lo mágico, para ensayar un nuevo futuro? ¿Es posible proyectar un futuro que no se reconozca con nuestro presente? Uno que se desentienda y que, en cambio, nos obligue a abrir nuevos escenarios a ser interpretados.
Esta muestra pretende hacerse de un lugar en la definición de nuestro futuro por medio del ejercicio vivencial de su proyección. Tal vez, con este gentil movimiento podamos recobrar el sentido de pertenencia necesario para proyectarnos hacia delante, en donde el letargo de realidad en el que nos sumergimos tantas veces nos aleja de la crisis que vivimos los últimos años.
Argigram es un esfuerzo por reclamar la soberanía creativa y cultural del futuro, a partir de la producción específica de un grupo de artistas, teóricos y diseñadores oriundos de diferentes rincones y contextos de nuestro país. Es un conjunto primero hacia un proyecto lingüístico, estético y constructivo sobre el futuro en versión nacional.
Argigram es la posibilidad de ejercitar sobre el futuro argentino.
Ciudad Informal
La ciudad Decodificada
Ana Rascovsky
La ciudad que conocemos hoy nació de una doble coyuntura: la transformación de la fisonomía de la ciudad debido al cambio climático, y el fracaso del nuevo código urbano de la ciudad, debido a su carácter burocrático y poco ágil.
En el año 2109, Argentina contaba con 4.300 Villas, equivalente a una población de más de tres millones de habitantes: ese número es la antigua capital y ocupando una superficie de 330 km². En esa época, existían dos modalidades para habitar la ciudad capital: La ciudad formal, histórica, regida por su nuevo código urbano por leyes y disposiciones de funcionarios públicos y agentes descentralizados, y la otra, el asentamiento informal, orgánico y oportunista. Años de debate desestigmatizante en medios de política y opinión pública aceptaron sin más la convivencia de ambos. El crecimiento de los barrios vulnerables fue de manera exponencial, favorecido por la falta de control político, la posibilidad de autoconstruir y en especial por la densificación interna de las viviendas para albergar su diversidad y el nexo que ofrecía (a veces, sueño) al resto de la antigua ciudad. Lo que devino en la ciudad decodificada: el nuevo patrón morfológico híbrido de esta ciudad, con múltiples centros, territorios codificados por densidades y tipologías que se confirmaban a mitad social.
En un gesto de completo liberalismo, la ciudad emitió la villa.
Condición Climática
El progresivo calentamiento urbano debe resguardar a la población de la radiación solar, en particular los daños rayos ultravioleta. Esto generó un nuevo código lumínico a manera de lupa: para permanecer mayor a 10 minutos bajo el sol directo genera quemaduras en la piel. Las altas temperaturas, las olas de calor, las intensas lluvias y el agravamiento del nivel del mar con sus constantes inundaciones modificaron el tejido urbano tornando dificultosa su elección de ubicación. Las zonas barriales alejadas del centro y las viviendas elevadas (estilo palafitos) tomaron la calle intransitable para vehículos de ruedas comunes.
La vereda se apropió privada y comunitaria del espacio aéreo: funcionó como isla de urbana para colectar y recolectar y frescor a las calles.
Densidad
La dificultad del transporte terrestre generó una necesidad de concentración de la población para vivir en focos urbanos. Sumado a la dificultad de conseguir materiales por confinamiento exponencial de las familias (teniendo en cuenta que la familia tipo ahora es la constituida con 4 hijos por mujer), y que la esperanza de vida es de 108 años, una ciudad poblacional con pbi de los 5.000 hab/ha, constante en todos los barrios de la ciudad.
Construcción
Hoy el material de construcción ideal son manejables por humanos (transportes o similar), sin la introducción de maquinarias que consumen energía, generan dióxido de carbono, y requieren mucho espacio para construir.
Comunidad
La repaginación interna entre partes equivalentes se afinó gracias a la intensidad social de la población sumida al gran desarrollo de las aplicaciones de encuentro virtual. Esto generó múltiples acuerdos sociales específicos y comunitarios en donde el acuerdo no es físico ni territorial, sino personal.
Luego, la comunidad identitaria creada por la tecnología de las redes sociales permitió acuerdos binarios de afinidad, como el caso de los usuarios de los acuerdos económicos regionales del cono sur –la REC (por sus siglas en inglés). Desde esta red de afinidad, se formaron otras redes como la comunitaria de los OCS (cód. 05) en las que la comunidad se define por una afinidad a valores universales y sociales, son la única unidad de convivencia.
No existe una única ciudad, sino que todas, o la quieres ser, son por temporada.
El bienestar urbano actual depende de su comunidad conectada por la tecnología y digital y la potencia física humana.
Ciudad lunar
La Ciudad Lunar
Diego Arraigada
“Hay una metáfora que he tenido ocasión de citar más de una vez, aquella metáfora persa que dice que la luna es el espejo del tiempo. En la sentencia ‘espejo del tiempo’ está la fragilidad de la luna y la eternidad también. Está esa contradicción de la luna, tan casi traslúcida, tan casi nada, pero cuya medida es la eternidad.” —Jorge Luis Borges. Siete Noches.
La Luna es puro paisaje, tal vez el único paisaje que la humanidad comparte desde su origen: vemos la misma luna que vieron los primeros humanos.
Un proyecto para la luna ha de ser ante todo un proyecto paisajístico, que dialogue con su condición perpetua. El carácter más saliente de su paisaje es el color monocromo de su superficie y los miles de cráteres de diversos tamaños, producto del impacto de asteroides a lo largo del tiempo. Para cualquier intervención en la luna proponemos comenzar siempre espejando geometría: la geometría cóncava de los cráteres para materializar sobre los mismos domos convexos y ligeros –de gran eficiencia estructural en la baja gravedad lunar– que definen y protegen espacios interiores. Vistos desde arriba, su sombra será similar a la del cráter original, pero invertida. Su material constructivo se obtendrá del perfilado del fondo del cráter, lo que garantizará un color similar al de la luna. Con tecnología de impresión tridimensional, el polvo lunar obtenido será ido acumulando en estratos horizontales cada vez más cerrados hasta cubrir completamente el cráter; o bien dejando cráteres de tamaño y posición variable en función de necesidades específicas.
Es un sistema abierto que asocia cráteres con domos, estudiando sus tamaños y configuraciones para generar oportunidades de agrupamientos y espacios habitables. La extensa información topográfica de la luna permitirá establecer las mejores opciones de localización de domos de diversos tamaños y condiciones de agrupamiento. Debajo de los mismos se desarrollarán las estructuras tecnológicas y científicas necesarias para las actividades humanas.
Desde arriba, desde la tierra, las intervenciones serán casi imperceptibles y la luna permanecerá igual que siempre. Hay tan sólo sutiles anomalías: algunos cráteres tienen su sombra espejada.
Satélite
IR Arquitectura
El sentido común – el que nos permite funcionar como un gran macro-organismo humano – estuvo desconectado por mucho tiempo. Así como ante la pérdida de alguno de los sentidos equilibramos con los otros, al estar limitados en la capacidad de construir en conjunto, fuimos compensando con la agudización del temor; lo que nos llevó al desarrollo enfermizo de la capacidad de acumular. Se hizo evidente que el confort fue la droga más dura.
La aparición de comunidades eficientes puso en crisis a los gobiernos. La invención necesaria de sistemas de regulación de los recursos dio un nuevo registro de eficiencia a la experiencia humana: el exceso fue regulado por la escasez. Así, sin necesidad de protegernos de los otros, logramos disminuir las tensiones laborales. Hoy nuestras ciudades ya no son máquinas para la producción. No es la ambición lo que organiza nuestro ecosistema.
Las ciudades satélites, formadas por barrios cerrados y sus espejos precarios fueron verdaderos laboratorios. Al demoler los muros perimetrales se produjeron nuevos modos de organización. Lo siguiente fue reagruparse en territorios no urbanizados conformando aldeas capaces de gestionar eficientemente los recursos locales. Con el tiempo, los habitantes de la ciudad central acompañaron este movimiento dejando grandes porciones de tejido vacante. Esto produjo, en última instancia, la reorganización definitiva de las ciudades centrales.
La rehabilitación del sentido común fue lenta. Ejercitando la introspección deliberada encontramos la llave hacia la inteligencia colectiva. Pudimos preguntarnos, por primera vez, cómo queríamos vivir.
Ciudad Balneario
Alta carpa
Monoblock
Las ciudades balneario son el recreo de las ciudades trabajo. Tienen arena al borde del mar, que funciona como una metáfora de ablandar el suelo duro. La cantidad de perímetro de la ciudad balneario es crucial para darle a cada ciudadano una porción de paisaje-fantasía, en donde se recrea la idea del hombre mirando el horizonte-naturaleza. Sin embargo, la cantidad de perímetro que garantiza el espacio necesario para recrear esa escena no da abasto para todos los aspirantes que en la migración estival buscan volver a ser sujetos naturales.
Edificios a metros de la costa. Paradores bolicheros a metros del mar. Recintos privados de suelo arenoso con parcelas marcadas por sogas. Carpas con vecinos en parcelas numeradas y pasillos de circulación. Reposeras de plástico, dos por carpa. ¿Cuánto más puede parecerse a nuestra irremediable manera de estar juntos la ciudad balneario?
Ciudad Explotación
Camalotopía
Sustantivo Colectivo
“La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo.” Jorge Luis Borges. La Casa de Asterión
Mientras nosotros, que éramos formados, que nos creímos capaces, que ostentábamos alguna parte del poder, buscábamos en cada oportunidad la posibilidad de cambiar, de ordenar, de conducir a lo mejor de nuestro entendimiento la ciudad y sus habitantes, más allá de nuestro alcance la propia ciudad se multiplicaba, pujante, como una máquina masiva y redundante, consumiéndose y derramándose una y otra y otra vez sobre sí misma.
Nos eludió la comprensión de las fuerzas que gobernaban nuestro hábitat —tan inmersos estábamos en ellas—; la inefable proliferación de relaciones anónimas, las fricciones, la suma desinteligente de individualismos, la pugna obstinada por prosperar —que es dominar— en un sistema contrahecho, el modo del hombre de poner al hombre como eje y medida de todas las cosas; y artificio sobre artificio sobre artificio la ciudad fabricó una realidad incompleta, cada iteración más ajena al orden natural de su paisaje: Las crecidas, la erosión costera, las lluvias, los vientos y las temperaturas extremas se volvieron problemáticas porque la naturaleza fue insistentemente desplazada del sistema urbano, agravado cada vez por sus manifestaciones más indómitas.
Acaso por su virtud de simple ser, su existencia acallada y primitiva, el isleño supo guardar, en cambio, la certeza que nosotros olvidamos: En el paisaje nada está librado al azar. Existe un hilo tenso y transversal que sostiene todas las cosas, y en la danza de fuerzas múltiples y dispersas hay una ley de armonía que no admite rupturas. La naturaleza habla en su lenguaje antiguo y absoluto; las lluvias, las heladas, las crecientes se anuncian, como momentos de una sinfonía, en las aves, los árboles, el río.
La ciudad explotadora que hemos llamado nuestra casa redunda en corredores y encrucijadas. Sus aristas aprisionan la mirada y entorpecen la consciencia del paisaje trascendente. De vez en cuando, un atisbo de horizonte y de cielo, profundo e íntimo a la vez, delata la ilusión de la individualidad: en el concierto inagotable de la naturaleza, el yo es sólo una idea, porque ser en el paisaje es ser el paisaje y mirar el paisaje es mirarse definitivamente a uno mismo.