Curador: Martin Huberman

Participan: Alarcia-Ferrer, Ana Rascovsky, Ana Smud, Diego Arraigada, Baag, IR arquitectura, Manuel Cucurell, Monoblock, Sustantivo Colectivo

Esta muestra se funda en una reacción contra el presente, en la voluntad de proyectarnos hacia delante, hacia lo incierto, hacia lo desconocido. Encuentra un antecedente en el ímpetu de un colectivo estudiantil inglés que, en los años sesentas, supo construir su notoriedad militando el futuro. Ese colectivo adoptó el nombre de Argigram.

Archigram nació como una publicación, ”Architecture Telegram”, en manos de un grupo de jóvenes estudiantes de arquitectura de la Architecture Association de Londres. Buscaban consolidar ideas y pensamientos sobre el futuro de la ciudad, pero ante todo sobre el futuro de una disciplina que según ellos, tras los años dorados del modernismo, se había tornado insípida.

Esa primera publicación, estudiantil, reaccionaria y-¿por qué no estratégicamente visionaria, evolucionó desde un simple panfleto gráfico offset hacia un ejercicio crítico que funcionó por más de una década como think tank futurista. En aquel entonces, Achigram publicó un sin fin de proyectos inspirados por la sociedad de consumo, la era de la información y la floreciente era espacial. Los proyectos, esbozados en un denso y vívido carácter gráfico-figurativo, aunque algo sintéticos en teoría, perseguían el interés particular de definir a la producción arquitectónica como una pieza de consumo masivo, de
carácter irreal aunque ciertamente fundamentado.

Si bien la riqueza proyectual del grupo es aun hoy considerada como vanguardista y algunas de sus ideas encuentran una traducción certera en obras de la arquitectura contemporánea, podríamos decir que el futuro planteado por aquellos proyectos conlleva una cuota de idealismo “primeromundista”, características de ciudades que no se ven superpobladas, en donde es posible imaginar que las ciudades caminarán algún día a paso firme, y se concibieran mediante sistemas eficientes de circulación vehicular y aéreo, mientras los prototipos habitacionales se desechaban y renacían cada cinco años.

¿Es posible trasladar ese modelo proyectual a un contexto local? Donde no existe una lógica de largo plazo, la estabilidad (tanto económica como social) donde la especulación efectista vence ante cualquier enunciación proyectual. Está claro que nuestra realidad inestable define un futuro de corto plazo, previsible y hasta palpable en la constante distopía del fracaso, pero ¿qué pasa si nos desmarcamos de la relación directa con el contexto? ¿Qué pasa si adoptamos lo irreal, lo insostenible y por qué no lo mágico, para ensayar un nuevo futuro? ¿Es posible proyectar un futuro que no se reconozca con nuestro presente? Uno que se desentienda y que, en cambio, nos obligue a abrir nuevos escenarios a ser interpretados.

Esta muestra pretende hacerse de un lugar en la definición de nuestro futuro por medio del ejercicio vivencial de su proyección. Tal vez, con este gentil movimiento podamos recobrar el sentido de pertenencia necesario para proyectarnos hacia delante, en donde el letargo de realidad en el que nos sumergimos tantas veces nos aleja de la crisis que vivimos los últimos años.

Argigram es un esfuerzo por reclamar la soberanía creativa y cultural del futuro, a partir de la producción específica de un grupo de artistas, teóricos y diseñadores oriundos de diferentes rincones y contextos de nuestro país. Es un conjunto primero hacia un proyecto lingüístico, estético y constructivo sobre el futuro en versión nacional.

Argigram es la posibilidad de ejercitar sobre el futuro argentino.

La ciudad frontera
Oasis de la frontera

Alarcia-Ferrer

A lo largo de la historia las fronteras entre los países han fluctuado en su configuración debido a que su origen ha sido producto de una imposición arbitraria a un acontecimiento extraordinario y no de una segregación natural entre culturas diversas. Esta división artificial derivó, en muchos casos, a una connotación de la frontera como un territorio de tensión originando innumerables conflictos que pueden reflejarse con claridad en ejemplos paradigmáticos como los de la franja de Gaza o la situación fronteriza de México y EUA. En una mirada prospectiva, es necesario afirmar que lógicamente la humanidad debería tender a desvanecer esos límites como bien se puede observar en gran parte de Europa. Sin embargo, la historia nos demuestra que los acontecimientos no son lineales ni predecibles por lo que esto puede ser una expresión de deseo más que una mirada rigurosa de la realidad. Una posición de intercambio en las fronteras, es la visión optimista hacia la cual se debe ambicionar como sociedad.

En este contexto, las ciudades fronterizas abren una posibilidad para abordar ese conflicto de una manera específica. Este complejo problema debería ser afrontado desde una mirada holística que abarque múltiples disciplinas, desde la política, economía, sociología, ecología y por< supuesto también desde la arquitectura. Reconfigurar las fronteras, bajo un entendimiento profundo del territorio y la cultura es quizás el desafío de la ciudad hacia los años venideros. Las ciudades tendrán más que una frontera, o mejor dicho, la superposición de distintas realidades sobre las cuales convivir. Dejará de existir la frontera como límite para transformarse en una compleja superposición de capas que enriquece y potencian su ubicación.

Nuestro objetivo no es resignificar la frontera entendida actualmente como un límite para evolucionar hacia un espacio de transición que resulte catalizador de lo nuevo entre culturas. Es un espacio que pertenece a varias realidades y construye una visión prospectiva donde el concepto de la segregación se reemplaza por el de la vinculación. Este nuevo epicentro será una especie de oasis que resuelva las fricciones transformándose en un verdadero receptáculo de las diversas realidades. Pasaría a ser el eslabón fundamental en el armado de las regiones. Romper con el miedo que lleva a las fronteras para reconfigurar su accionar. Ser las nuevas “puertas” de la región.

Re-pensar la situación de frontera, o mejor dicho, pensar a partir de las posibilidades que ofrecen las diversidades en los límites, es hacia donde debemos ambicionar nuestra visión y preocupación de la región. El límite, o la situación límite como un entendimiento como un espacio de oportunidad. Inclusive, pensar la frontera no como una situación particular, sino más bien como un continuum de variables. No existe “una única” frontera, sino más bien una sucesión de diversidades hacia los límites, que se entrelazan y conectan entre sí.

Oasis porturario
Oasis peatonal cultural
Oasis urbanismo denso
Oasis productivo
Oasis producción solar
Oasis reserva

Ciudad Informal
La ciudad Decodificada

Ana Rascovsky

La ciudad que conocemos hoy nació de una doble coyuntura: la transformación de la fisonomía de la ciudad debido al cambio climático, y el fracaso del nuevo código urbano de la ciudad, debido a su carácter burocrático y poco ágil.

En el año 2109, Argentina contaba con 4.300 Villas, equivalente a una población de más de tres millones de habitantes: ese número es la antigua capital y ocupando una superficie de 330 km². En esa época, existían dos modalidades para habitar la ciudad capital: La ciudad formal, histórica, regida por su nuevo código urbano por leyes y disposiciones de funcionarios públicos y agentes descentralizados, y la otra, el asentamiento informal, orgánico y oportunista. Años de debate desestigmatizante en medios de política y opinión pública aceptaron sin más la convivencia de ambos. El crecimiento de los barrios vulnerables fue de manera exponencial, favorecido por la falta de control político, la posibilidad de autoconstruir y en especial por la densificación interna de las viviendas para albergar su diversidad y el nexo que ofrecía (a veces, sueño) al resto de la antigua ciudad. Lo que devino en la ciudad decodificada: el nuevo patrón morfológico híbrido de esta ciudad, con múltiples centros, territorios codificados por densidades y tipologías que se confirmaban a mitad social.

En un gesto de completo liberalismo, la ciudad emitió la villa.

Condición Climática
El progresivo calentamiento urbano debe resguardar a la población de la radiación solar, en particular los daños rayos ultravioleta. Esto generó un nuevo código lumínico a manera de lupa: para permanecer mayor a 10 minutos bajo el sol directo genera quemaduras en la piel. Las altas temperaturas, las olas de calor, las intensas lluvias y el agravamiento del nivel del mar con sus constantes inundaciones modificaron el tejido urbano tornando dificultosa su elección de ubicación. Las zonas barriales alejadas del centro y las viviendas elevadas (estilo palafitos) tomaron la calle intransitable para vehículos de ruedas comunes.

La vereda se apropió privada y comunitaria del espacio aéreo: funcionó como isla de urbana para colectar y recolectar y frescor a las calles.

Densidad
La dificultad del transporte terrestre generó una necesidad de concentración de la población para vivir en focos urbanos. Sumado a la dificultad de conseguir materiales por confinamiento exponencial de las familias (teniendo en cuenta que la familia tipo ahora es la constituida con 4 hijos por mujer), y que la esperanza de vida es de 108 años, una ciudad poblacional con pbi de los 5.000 hab/ha, constante en todos los barrios de la ciudad.

Construcción
Hoy el material de construcción ideal son manejables por humanos (transportes o similar), sin la introducción de maquinarias que consumen energía, generan dióxido de carbono, y requieren mucho espacio para construir.

Comunidad
La repaginación interna entre partes equivalentes se afinó gracias a la intensidad social de la población sumida al gran desarrollo de las aplicaciones de encuentro virtual. Esto generó múltiples acuerdos sociales específicos y comunitarios en donde el acuerdo no es físico ni territorial, sino personal.

Luego, la comunidad identitaria creada por la tecnología de las redes sociales permitió acuerdos binarios de afinidad, como el caso de los usuarios de los acuerdos económicos regionales del cono sur –la REC (por sus siglas en inglés). Desde esta red de afinidad, se formaron otras redes como la comunitaria de los OCS (cód. 05) en las que la comunidad se define por una afinidad a valores universales y sociales, son la única unidad de convivencia.

No existe una única ciudad, sino que todas, o la quieres ser, son por temporada.

El bienestar urbano actual depende de su comunidad conectada por la tecnología y digital y la potencia física humana.

Ciudad Natural
Regreso a la ciudad baja

Ana Sol Smud

Regreso a kêr ys
 “Para el yo egocéntrico del hombre, el mundo se convirtió en mera materia; ejerciendo su gran poder y autoridad sobre el mundo natural, se rodeaba de un mundo frío y sin vida. Inevitablemente, cada ego individual se convertía en una isla solitaria y bien fortificada que flotaba en un mar de materia muerta. La vida de la naturaleza y de sus criaturas se extinguía; se secaba la corriente de vida que fluía en el interior de los hombres y de todas las cosas y que los mantenía en estrecha relación.”
Nishitani Keiji.

La mítica ciudad sumergida de Ys conserva sobre nuestras artes y nuestra cultura, una influencia notable. Sabemos que su leyenda inspiró La Cathédrale Engloutie de Claude Debussy, y es fama que el franco llamó ‘París’ a la antigua Lutetia del latín, porque hay contextos en los que la frase Par Ys significa algo así como: “La que se parece a Ys”. Cada versión –y hay muchas– de la historia, coincide en que una próspera y sofisticada urbe conocida como Kêr Ys (literalmente: la ciudad baja), se edificó en un terreno insumergible, a orillas del Atlántico, en tierras ganadas al mar y protegidas por un egregio dique de altas mareas constantes de un inteligente oleaje.

Suele suponerse que un rey prudente y severo, llamado Gradlon en la mayor parte de las tradiciones escritas y orales que han llegado hasta nuestros días, mantuvo siempre consigo las llaves que permitían –calma la mar y bajas las mareas– abrir las compuertas del gran dique para franquearles el acceso a botes o navíos. Pero el piadoso rey tuvo también, parece, una hija descarriada; La princesa Dahut, salvaje y lujuriosa. Y la leyenda cuenta que al desenfreno de una noche de ebriedad, Dahut le robó a Gradlon las llaves de aquellas compuertas para dejar pasar a un amante extranjero que se acercaba a visitarla en barco. La marea estaba alta y el mar embravecido. Las aguas cubrieron Ys y la princesa pagó su autoindulgencia con esa ruina y una muerte horrenda.

Casi todos los que refieren el mito de Ys, sostienen que –de un modo u otro– la ciudad baja, pegada al mar, ha de volver un día. Ahora bien, lo más probable, es que sean las ciudades del porvenir ya nadie se esfuerce demasiado por conjurar las fuerzas desatadas de la naturaleza. Más temprano que tarde dejará de tener sentido urbanizar el suelo y de excavarse canales o desagües para controlar la naturaleza extrema. Del mismo modo que ya no se crearán familias o instituciones, ni se erigirán panópticos o tribunales para contener la naturaleza interna. En un tiempo, tal vez no tan lejano, las catástrofes climáticas y sociales, ya no serán resistidas. Los probables habitantes de esas ciudades naturales (al igual que los campesinados más primitivos), se situarán directamente en medio de los elementos que provoca su erosión y disolución, no contra ellos o intentando limitar sus efectos transformadores.

En una especie de Ys paradojal, de las antípodas, futura, Dahut sería una heroína en vez de una villana. Porque una ciudad natural ha de ser una ciudad abierta. Sin accesos, ni muros, ni ideas, ni leyes que la limiten de manera alguna. Sus espacios discontinuos, y los propios paisajes intermitentes de los cuales se alimenta, deberán permanecer siempre expuestos al influjo de las corrientes que los unan al mar embravecido. En ese entorno, los edificios y los transeúntes tendrán que diseñarse para ser atravesados por los vientos, las aguas, los deseos y los imaginarios de ese litoral imprevisible. Como los restos de las criaturas marinas y las arenas húmedas de las playas en las que yacen, los constructores de esa ciudad tal y como natural en el que estén inmersos, ya no serán mutuamente insoportables.

Ciudad lunar
La Ciudad Lunar

Diego Arraigada

“Hay una metáfora que he tenido ocasión de citar más de una vez, aquella metáfora persa que dice que la luna es el espejo del tiempo. En la sentencia ‘espejo del tiempo’ está la fragilidad de la luna y la eternidad también. Está esa contradicción de la luna, tan casi traslúcida, tan casi nada, pero cuya medida es la eternidad.”
 —Jorge Luis Borges. Siete Noches.

La Luna es puro paisaje, tal vez el único paisaje que la humanidad comparte desde su origen: vemos la misma luna que vieron los primeros humanos.

Un proyecto para la luna ha de ser ante todo un proyecto paisajístico, que dialogue con su condición perpetua. El carácter más saliente de su paisaje es el color monocromo de su superficie y los miles de cráteres de diversos tamaños, producto del impacto de asteroides a lo largo del tiempo.
 Para cualquier intervención en la luna proponemos comenzar siempre espejando geometría: la geometría cóncava de los cráteres para materializar sobre los mismos domos convexos y ligeros –de gran eficiencia estructural en la baja gravedad lunar– que definen y protegen espacios interiores. Vistos desde arriba, su sombra será similar a la del cráter original, pero invertida. Su material constructivo se obtendrá del perfilado del fondo del cráter, lo que garantizará un color similar al de la luna. Con tecnología de impresión tridimensional, el polvo lunar obtenido será ido acumulando en estratos horizontales cada vez más cerrados hasta cubrir completamente el cráter; o bien dejando cráteres de tamaño y posición variable en función de necesidades específicas.

Es un sistema abierto que asocia cráteres con domos, estudiando sus tamaños y configuraciones para generar oportunidades de agrupamientos y espacios habitables. La extensa información topográfica de la luna permitirá establecer las mejores opciones de localización de domos de diversos tamaños y condiciones de agrupamiento. Debajo de los mismos se desarrollarán las estructuras tecnológicas y científicas necesarias para las actividades humanas.

Desde arriba, desde la tierra, las intervenciones serán casi imperceptibles y la luna permanecerá igual que siempre. Hay tan sólo sutiles anomalías: algunos cráteres tienen su sombra espejada.

Ciudad Ciudad

BAAG

En la ciudad-ciudad la arquitectura se ha extremado, hay un mundo público y otro privado.
El espacio privado es íntimo, utilitario, básico, mínimo y suficiente. El espacio público es social, artificial, basto y complejo.

Territorio

El territorio, explotado y agotado, se liberó, la ciudad-ciudad se independizó del suelo. El espacio público se emancipó del privado, reorganizándose y definiendo con exactitud sus límites. Lo público es transparente y lo privado ciego. Lo público es horizontal, lo privado vertical. Sus límites son claros, pero su extensión es abierta. Esta ciudad del futuro abandonó para siempre la era geológica del antropoceno.

Proyecto

La ciudad-ciudad desconoce la planta baja, perdió la referencia del nivel cero, le cuesta recordar si es la última capa de ciudad o si ya fue superada por una capa superior.
 A la ciudad-ciudad le preocupa su horizonte, se planifica solo sobre su plano horizontal. Está pendiente de sus conexiones evitando generar algún margen de polarización que coloque su sistema en peligro. En los edificios verticales sucede la vida privada. Estos edificios se conectan con tubos transparentes y es en ellos donde ocurre la vida con los otros. Un nuevo espacio público definido, aséptico y artificial. No hay duda donde empieza lo uno y lo otro.

Memoria

La ciudad-ciudad no recuerda muy bien quien fue. Piensa que siempre fue así. No se pregunta cómo se vive en los demás niveles. La ciudad-ciudad no tiene límites, se desentendió de su territorio. No extraña un estado bucólico, esta ciudad-ciudad busca nuevos escenarios y se reinventa.

Sociedad

A la ciudad-ciudad le preocupa su propia sustentabilidad e imagina tecnologías que satisfagan las nuevas demandas. Sus ciudadanos están hiper conectados, todos geo-localizados, cada uno tiene su identificación del nivel al cual pertenece.
 Esta ciudad-ciudad está fundada en la postverdad, mantiene algunas creencias y apuesta a la autodeterminación de sus ciudadanos. En ella hay diversidad de clase, de género, de religión y de cultura, pero siempre encerrados en la unidad de los tubos acristalados.

La ciudad-ciudad busca, desesperada, consolidar una identidad, aunque sus prácticas, modos y consumos estén globalizados.

La ciudad-ciudad vive de aciertos, defectos, virtudes y evidentes contradicciones.

Así se siente viva.

Satélite

IR Arquitectura

El sentido común – el que nos permite funcionar como un gran macro-organismo humano – estuvo desconectado por mucho tiempo. Así como ante la pérdida de alguno de los sentidos equilibramos con los otros, al estar limitados en la capacidad de construir en conjunto, fuimos compensando con la agudización del temor; lo que nos llevó al desarrollo enfermizo de la capacidad de acumular. Se hizo evidente que el confort fue la droga más dura.

La aparición de comunidades eficientes puso en crisis a los gobiernos. La invención necesaria de sistemas de regulación de los recursos dio un nuevo registro de eficiencia a la experiencia humana: el exceso fue regulado por la escasez. Así, sin necesidad de protegernos de los otros, logramos disminuir las tensiones laborales.
 Hoy nuestras ciudades ya no son máquinas para la producción. No es la ambición lo que organiza nuestro ecosistema.

Las ciudades satélites, formadas por barrios cerrados y sus espejos precarios fueron verdaderos laboratorios. Al demoler los muros perimetrales se produjeron nuevos modos de organización. Lo siguiente fue reagruparse en territorios no urbanizados conformando aldeas capaces de gestionar eficientemente los recursos locales. Con el tiempo, los habitantes de la ciudad central acompañaron este movimiento dejando grandes porciones de tejido vacante. Esto produjo, en última instancia, la reorganización definitiva de las ciudades centrales.

La rehabilitación del sentido común fue lenta. Ejercitando la introspección deliberada encontramos la llave hacia la inteligencia colectiva. Pudimos preguntarnos, por primera vez, cómo queríamos vivir.

Ciudad Exilio
Exul

Manuel Pablo Cucurell

La palabra exilio proviene del latín exsilium, y este vocablo procede de exul, que significa persona errante.
Desde los orígenes sus ciudades fueron “La Ciudad del Exilio”. Un emergente no planificado ni consensuado de ese complejo, caótico, volátil y extraño caleidoscopio cultural del cual somos producto y productores.

Sus ciudades, esas grillas pensadas para colonizar el infinito, siempre fueron un hermoso collage hecho de recuerdos convertidos en piedra. Recuerdos de las calles, las veredas, las casas y los patios donde crecieron sus abuelos y que trajeron consigo al cruzar el océano. En las avenidas, los parques, el centro y las instituciones podemos desnudar el pueblo que querían ser.

La nostalgia y el anhelo son parte del código genético de todo argentino y gracias a estos el crisol de razas es, aún hoy, un todo definido aunque con bordes difusos.
A principios del siglo XXI, el Arquitecto Rafael Iglesia, en su texto “El futuro ya no es el mismo”, argumentaba:
 “…hay una tendencia a ver la ciudad como una suma de objetos que se relacionan entre ellos, ‘dialogan’ decimos los arquitectos. Cuando en realidad lo que habría que tener en cuenta es la relación entre la carne y la piedra, el hombre y los edificios. Hoy es más importante la localización de las actividades que la forma edilicia, y su relación con el espacio público. Porque lo que está en crisis, producto de las nuevas tecnologías, es el anclaje espacial de las actividades del hombre.”

Ahora las actividades humanas están totalmente desvinculadas del espacio, podemos desplazarnos de un punto a otro del planeta en cuestión de segundos… la carne es ya indiferente a la piedra. Lo que nadie pudo imaginar es que, ahora que solamente estamos anclados al tiempo, los argentinos seguimos siendo ese cúmulo de anhelos y nostalgias.
Habito una ciudad que es también concebida a partir de constelaciones de recuerdos.
Sin embargo este enjambre de mi nostalgia y se corporiza ante mis ojos del mismo modo, y a la vez de manera muy distinta, que lo hace para el resto de sus habitantes. En esta nueva ciudad los conceptos de centro y borde están obsoletos, también lo están los de escala y continuidad. Tanto los espacios como los objetos fluctúan, se expanden o comprimen, se enlazan o fragmentan, puesto que los recuerdos de donde nacen y se nutren son poco precisos y todavía no pueden ser medidos. Algo similar a como funcionan los sueños.
Esta nueva ciudad se materializa como un espacio infinito donde puedo errar libremente en mi propio anhelo de VOLVER.

Ciudad Balneario
Alta carpa

Monoblock

Las ciudades balneario son el recreo de las ciudades trabajo. Tienen arena al borde del mar, que funciona como una metáfora de ablandar el suelo duro. La cantidad de perímetro de la ciudad balneario es crucial para darle a cada ciudadano una porción de paisaje-fantasía, en donde se recrea la idea del hombre mirando el horizonte-naturaleza. Sin embargo, la cantidad de perímetro que garantiza el espacio necesario para recrear esa escena no da abasto para todos los aspirantes que en la migración estival buscan volver a ser sujetos naturales.

Edificios a metros de la costa. Paradores bolicheros a metros del mar. Recintos privados de suelo arenoso con parcelas marcadas por sogas. Carpas con vecinos en parcelas numeradas y pasillos de circulación. Reposeras de plástico, dos por carpa. ¿Cuánto más puede parecerse a nuestra irremediable manera de estar juntos la ciudad balneario?

Monoblock

Ciudad Balneario
Alta carpa

Monoblock

Las ciudades balneario son el recreo de las ciudades trabajo. Tienen arena al borde del mar, que funciona como una metáfora de ablandar el suelo duro. La cantidad de perímetro de la ciudad balneario es crucial para darle a cada ciudadano una porción de paisaje-fantasía, en donde se recrea la idea del hombre mirando el horizonte-naturaleza. Sin embargo, la cantidad de perímetro que garantiza el espacio necesario para recrear esa escena no da abasto para todos los aspirantes que en la migración estival buscan volver a ser sujetos naturales.

Edificios a metros de la costa. Paradores bolicheros a metros del mar. Recintos privados de suelo arenoso con parcelas marcadas por sogas. Carpas con vecinos en parcelas numeradas y pasillos de circulación. Reposeras de plástico, dos por carpa. ¿Cuánto más puede parecerse a nuestra irremediable manera de estar juntos la ciudad balneario?

Ciudad Explotación
Camalotopía

Sustantivo Colectivo

“La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo.”
 Jorge Luis Borges. La Casa de Asterión

Mientras nosotros, que éramos formados, que nos creímos capaces, que ostentábamos alguna parte del poder, buscábamos en cada oportunidad la posibilidad de cambiar, de ordenar, de conducir a lo mejor de nuestro entendimiento la ciudad y sus habitantes, más allá de nuestro alcance la propia ciudad se multiplicaba, pujante, como una máquina masiva y redundante, consumiéndose y derramándose una y otra y otra vez sobre sí misma.

Nos eludió la comprensión de las fuerzas que gobernaban nuestro hábitat —tan inmersos estábamos en ellas—; la inefable proliferación de relaciones anónimas, las fricciones, la suma desinteligente de individualismos, la pugna obstinada por prosperar —que es dominar— en un sistema contrahecho, el modo del hombre de poner al hombre como eje y medida de todas las cosas; y artificio sobre artificio sobre artificio la ciudad fabricó una realidad incompleta, cada iteración más ajena al orden natural de su paisaje: Las crecidas, la erosión costera, las lluvias, los vientos y las temperaturas extremas se volvieron problemáticas porque la naturaleza fue insistentemente desplazada del sistema urbano, agravado cada vez por sus manifestaciones más indómitas.

Acaso por su virtud de simple ser, su existencia acallada y primitiva, el isleño supo guardar, en cambio, la certeza que nosotros olvidamos: En el paisaje nada está librado al azar. Existe un hilo tenso y transversal que sostiene todas las cosas, y en la danza de fuerzas múltiples y dispersas hay una ley de armonía que no admite rupturas. La naturaleza habla en su lenguaje antiguo y absoluto; las lluvias, las heladas, las crecientes se anuncian, como momentos de una sinfonía, en las aves, los árboles, el río.
La ciudad explotadora que hemos llamado nuestra casa redunda en corredores y encrucijadas. Sus aristas aprisionan la mirada y entorpecen la consciencia del paisaje trascendente. De vez en cuando, un atisbo de horizonte y de cielo, profundo e íntimo a la vez, delata la ilusión de la individualidad: en el concierto inagotable de la naturaleza, el yo es sólo una idea, porque ser en el paisaje es ser el paisaje y mirar el paisaje es mirarse definitivamente a uno mismo.

Diseño de exhibición

Estudio Normal

Dispositivos de exhibición

Estudio Normal